¿DE VERDAD ESTAMOS ESCUCHANDO?

¿Qué hace falta para escuchar? Una pregunta llena de respuestas “cliché”, insatisfactorias e inaplicables a la vida real.

Vivimos en la era de la información. Donde quiera que vamos tenemos vídeo, texto, imágenes e incluso personas contándonos cosas, vivencias, problemas, soluciones y un sinfín de cosas que, la mayoría, nos la trae al pairo. Sin embargo, todos queremos que se nos escuche, se nos comprenda y se nos consuele, e incluso, a veces, también nos apetece escuchar a otros, ayudarles, sentirnos útiles.

El problema es que debido a esta, llamémosla, “era de la sobreinformación”, hemos aprendido a ignorar, a pasar por alto, a mirar por encima e incluso a huir de aquello que creemos que no nos va a aportar nada. Estamos perdiendo el gusto por una habilidad esencial que nos convierte en los seres sociales que somos: la habilidad de escuchar.

no escucharLo admito, he lidiado con esto durante mucho tiempo. He buscado desesperadamente ser escuchado por otros a la vez que intentaba dar mi “sabio consejo” con muchísima ilusión. Tristemente, esas buenas intenciones que tenía para mí mismo y para los demás eran exactamente los mismos obstáculos que me impedían entender y practicar la imprescindible habilidad de escuchar.

No me malinterpretes, querer que se te escuche y ayudar a otros son buenas intenciones para todo el que las tenga. Pero hay algo que impide que te comuniques y se comuniquen contigo: ese algo es tu ego.

Así es, tu ego es el problema. Tu ego es la pared a través de la cual intentas ser escuchado por otros y escucharlos a ellos. Odio admitir que el problema es tu ego, pero intentar negar esta tendencia sólo lo haría peor. ¿Qué quiero decir con que tu “ego” es el problema? Bueno, como yo lo veo, el ego es la sensación de que todo lo que ocurre a tu alrededor gira en torno a ti. Cuando cuentas historias eres tú el protagonista, pero cuando escuchas, también eres tú el que está a prueba. Eres tú el que tiene que quedar bien. Eres tú el que tiene que demostrar que eres el mejor amigo, el que mejor escucha. Tú. Tú. Tú.

Todos tenemos demasiados problemas, pero ¿por qué no detenerse un poco y pensar en los de los demás?
Todos tenemos demasiados problemas, pero ¿por qué no detenerse un poco y pensar en los de los demás?

En realidad tu ego te impide escuchar de verdad a los otros o compartir compasión con ellos porque siempre centras la atención en ti y no en la persona con la que hablas. El resultado es que terminas solo oyendo lo que quieres oír y solo compartiendo lo que juzgas que la otra persona necesita oír. La otra persona, sencillamente, está fuera de la ecuación. Tu ego no le deja sitio.

Bien. Ahora que lo entendemos nos damos de bruces con un problema completamente nuevo: ¿Qué podemos hacer diferente para de verdad escuchar a los otros y que ellos nos escuchen también? ¡Una pregunta increíblemente difícil por sí sola!

Por suerte, la respuesta está más cerca de lo que imaginas. Para escuchar, primero cállate.callate escuchar

Cállate no solo verbal, sino también mentalmente. Por supuesto, es imposible, y también incorrecto, eliminarte por completo de la conversación, pero este concepto pretende llevarte más allá de ese punto dentro de ti mismo – más allá de tu ego. ¡Te advierto que no es tarea fácil! Requiere mucho esfuerzo y conciencia de uno mismo para arrancar, especialmente con gente que tiende a “buscarte las cosquillas” frecuentemente.

Tienes que entender que ésta es una encrucijada que emprendes por ti mismo, para ti mismo. No hay garantía de que la otra persona vaya a agradecer la forma en que escuchas. Sin embargo, como con cualquier habilidad, se hará más fácil y más tangible con la práctica y el tiempo correspondiente. Y las recompensas vienen después. Ni te imaginas lo que se puede aprender escuchando. 

Si todos escucháramos un 10% de lo que recibimos, todos seríamos un 10% más sabios.

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En conclusión, déjame retarte, querido lector. Basado en lo que he compartido contigo hoy, ¿crees que has sido capaz de escuchar a tus amigos y familia? ¿Has sido capaz de escuchar a aquellos que son diferentes a ti? ¿A aquellos que te “buscan las cosquillas”? Si tu respuesta es algo parecido a “en realidad, no”, entonces respira. No estás solo al cometer este error tan humano, pero sí eres de los pocos que sabe cómo corregirlo. Espero que aprendamos algún día a escuchar y a hacer que nos escuchen.

Siéntete libre de compartir tus pensamientos, sentimientos y experiencias sobre este tema en los comentarios.

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